sábado, 21 de enero de 2012

ELLOS (L)


Cinco de enero del dosmildoce, año en el cual según los mayas se termina el mundo, si fuese así yo ya tengo todo completado.
Eran las diez y media de la mañana y de repente suena el timbre, y dicen publicidad y no abres, vuelven a llamar y dicen joder alba que habrás que somos nosotras, solo ellas podrían levantarse a las 9 para venir a verte a primera hora de tus dieciocho, las primeras que querían felicitarte a la cara, ver como estas después de la última noche de menor o la primera mañana de mayoría de edad. Abres la puerta y te las encuentras con su chándal para entrenar, sus botas despegadas de la suela o simplemente de sus caras de sueño, con un pequeño bizcochito y dos velitas, cantando como locas (como siempre) aquella canción de cumpleaños que tanta vergüenza da escuchar cuando te la cantan a ti.
Un desayuno rápido para que se vayan a entrenar, entre tanto risas, cigarros, recordatorios de que si les pegas pueden denunciarte y tu ir a la cárcel, solo a ellas se le ocurrirían todas esas locuras.
Luego a verlas entrenar y ver como piden  cinco minutos para tirarse encima de ti y volver a felicitarte de que te tiren mil veces de las orejas y  que te digan que te ven más vieja.
Por la tarde al moncayo, cervecitas, cubatas, chupitos… luego llegaron los lloros, otra vez se han vuelto a superar, han vuelto a hacer que esto sí que sea un cumpleaños

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